Restaurante Matilda desde 1999
la historia de Matilda
En la calle Plana de l'Hospital, a menos de un minuto del Monasterio de Sant Cugat (Barcelona), se encuentra el Restaurante Matilda.
¿El escenario?
Un espacio modernista, del que se conservan su fachada, arcadas y claraboya de 15m de altura.
Restaurante Matilda desde 1999
Desde 1999
Orígenes modernistas
Llorenç Tomàs fue el primer propietario del espacio y su constructor, convirtiéndolo en su taller de obras. Así fue proyectado por el arquitecto Andrés M. Calzada Echevarría (1892-1938), destacando entre sus obras en Barcelona: la Casa Madurell en la calle Provenza, 371 en 1926, los Almacenes de Tomas Colom en la calle Llull en marzo de 1928 y, en colaboración con José Maria Jujol Gibert, el Palacio del Trabajo (luego del Vestido), en la plaza de España, para la Exposición Internacional de Barcelona en 1929.
Una iglesia protestante
Después de cuarenta años de su construcción, en 1969 pasó a ser una iglesia protestante.
Actualidad
En 1999, Matilda nace como restaurante, brindando desde entonces una amplia oferta gastronómica con materia de primera calidad a través del concepto de una nueva cocina, la neorestauración, ofreciendo así los mejores platos a la brasa del mercado. Es un espacio donde aún se conservan los elementos modernistas de su arquitectura inicial, los cuales, combinados con su excelente diseño de interiores contemporáneo, logran crear un ambiente elegante y acogedor.
Detalles arquitectónicos
El edificio
Arcadas de ladrillo visto
Las bóvedas catalanas de ladrillo plano descansan sobre arcos parabólicos rematados con un friso dentado de puntas de diamante, una solución estructural y ornamental típica del modernismo industrial catalán.

Claraboya de 15 metros
La luz cenital entra por una gran claraboya de vidrio armado sobre estructura metálica, que corona la nave y marca el ritmo del día dentro del comedor.
El arco parabólico
El arco que atraviesa la sala es el gesto que ordena todo el espacio: nace del suelo, dibuja una curva limpia y sostiene la cubierta sin columnas intermedias.

Cubierta de vigas y rasilla
El techo conserva la estructura original de viguetas de hormigón y rasilla cerámica, con su tono terracota intacto tras casi un siglo.

Memoria de taller
Cartelería, lámparas de aluminio y hierro conviven con el muro oscuro: el antiguo taller de obras de 1929 sigue leyéndose en cada detalle.

La fachada modernista
El frontón triangular remata la fachada con una cornisa de ladrillo en zigzag y ventanales verticales de vidrio traslúcido: la firma de Andrés M. Calzada Echevarría en 1929.

El rótulo de acero
Sobre el muro de ladrillo, el rótulo de acero corten con la silueta de Matilda dialoga con los esgrafiados y las molduras escalonadas de la fachada original.

El altillo y la barandilla
Una pasarela metálica con barandilla de hierro forjado recorre la nave a media altura, permitiendo comer literalmente entre los arcos y las vigas del edificio.

El friso de puntas de diamante
El detalle más reconocible: una cenefa de piezas piramidales que recorre todos los arcos, un juego de luces y sombras que cambia con cada hora del día.
